Muchas dificultades sexuales no empiezan en el cuerpo. Empiezan en el silencio. O empiezan en un ruido excesivo y caótico.
En consulta es muy habitual escuchar frases como “nunca hemos hablado de esto”, “pensé que tenía que saberlo”, “me daba miedo decirlo y estropear el momento” o “espera esto de mí”, como si fuera una exigencia. Y, sin embargo, la comunicación sexual no estropea la intimidad: la sostiene.
Hablar de sexo no es solo hablar de prácticas. Es hablar de deseos, miedos, límites, cambios y necesidades. Cuando esto no ocurre, la ansiedad sexual encuentra un terreno perfecto para crecer.
La comunicación en una pareja o con un vínculo es lo que permite que haya armonía y entendimiento. Cuando hablamos de comunicación sexual, esta permite que estos dos aspectos se trasladen a la sexualidad.

La comunicación sexual no consiste únicamente en decir qué gusta o qué no. Es una manera de vincularse. Incluye cómo se habla del cuerpo, del deseo, del ritmo, de las inseguridades, de lo que apetece y también de lo que ya no apetece.
Tampoco significa tener conversaciones constantes pero sin sentido, sobre analizar la vida sexual o exigir al otro. Muchas personas evitan hablar por miedo a incomodar, cuando en realidad lo que más incomoda es no poder decir nada.
Cuando no hay palabras, aparecen las suposiciones. Y cuando hay suposiciones, suele aparecer la ansiedad.

Para adaptarnos al entorno, debemos entenderlo.Por ello tenemos mecanismos que nos permiten analizar y sacar conclusiones de los demás, del ambiente o, incluso, de nosotros mismos.Y en el sexo pasa lo mismo.
Sin comunicación, el sexo se convierte fácilmente en un espacio de interpretación. La mente puede empezar a preguntarse si el otro disfruta, si espera algo distinto o si se está fallando de alguna manera.
Este estado de vigilancia constante conecta directamente con el llamado modo rendimiento, en el que el placer queda en segundo plano y la atención se centra en hacerlo “bien”.
Cuando no se puede hablar, el cuerpo carga con todo.
Existe la creencia de que hablar de sexo corta el deseo. En realidad, lo que suele cortar el deseo es la presión, el miedo a decepcionar o la sensación de no estar siendo visto.
Nombrar nervios, cansancio, inseguridad o cambios en las ganas no suele alejar a la pareja sinó que la acera. Si bien es cierto que hablar de sexualidad puede ser incómodo (especialmente si no hay una costumbre de hacerlo), una vez esta fase se acaba es cuando se pueden ver los efectos de la comunicación. De este modo, lo que bloquea la comunicación sexual muchas veces no es que vaya a haber un alejamiento real sinó evitar la incomodidad inicial que, una vez superada, permite el crecimiento.
La comunicación sexual crea contexto emocional y permite hablar de gustos y preferencias. Permite que se de todo lo que el deseo necesita para mantenerse vivo, especialmente a largo plazo.
Si bien es cierto que el silencio bloquea el placer y la resolución de dificultades, como puede ser la ansiedad sexual, también puede ocurrir lo contrario: una comunicación de poca calidad tampoco va a ayudar a potenciar ninguno de estos ámbitos.

En este sentido, uno de los errores más comunes es confundir comunicación con reproche: si se usa el reproche no se está teniendo una comunicación efectiva, ya que se generan resistencias a lo que se está transmitiendo, y se puede pasar fácilmente a tener una discusión que escala de manera intensa, derivando incluso a otros temas, sin resolver de verdad el tema relacionado con la sexualidad.
Si quieres saber más sobre porqué escalan las discusiones, aunque los temas sean «tonterías, este artículo te puede interesar.
Por otro lado, tampoco hay una comunicación eficaz cuando se exige al otro: no es lo mismo pedir o acordar que exigir. De esta exigencia pueden nacer bloqueos que llegan a afectar profundamente en la sexualidad, ya que se genera una presión que puede afectar tanto cognitiva como físicamente, además de a la relación de pareja.
Para tener una buena comunicación, es importante mantener una actitud tranquila y que haya claridad al hablar, pero también apertura a escuchar al otro, empatía y apertura a llegar a acuerdos conjuntos. Hablar desde la propia experiencia también puede ayudar: comunicar desde el “(a mí) me pasa esto” en lugar del “tú no…”. Esto no solo es válido para el sexo, sino para la relación en general.
La forma importa tanto como el contenido.

El cuerpo intenta protegerse y hará lo posible para mantener la seguridad tanto física como emocional. De este modo, si ve que en la sexualidad hay algo que siente como una amenaza actuará para que esa amenaza no tenga un impacto en la persona, ya sea física o emocionalmente.
Si quieres saber más, en este artículo se profundiza sobre cómo la ansiedad sexual se relaciona con la sensación de amenaza.
Muchas dificultades sexuales actúan como un lenguaje alternativo: la falta de erección, el dolor en las relaciones, el bloqueo del deseo o la excitación, o la desconexión pueden aparecer cuando no hay espacio para expresar lo que ocurre emocionalmente. No es que el cuerpo “falle”. Es que a veces protege.
El deseo y la excitación no son estáticos, cambian con el tiempo, con la edad, con el estrés, con la rutina y con las etapas vitales. Cuando esto no se tiene presente y no se puede hablar de estos cambios, suelen interpretarse como falta de amor o rechazo personal.
En este sentido, tener una buena comunicación sexual no solo permite potenciar la sexualidad, sino también entender que la relación no se delimita a la sexualidad y que no es ni el único ni el más fiable de los medidores de cómo de sana está la relación cuánto amor hay por la pareja.
Además, la comunicación sexual permite entender que el cambio no es un problema en sí: los cambios pueden venir por muchos factores y la sexualidad no es estática. El problema suele ser vivirlo en soledad, desde el silencio o con miedo por cómo se lo tomará la pareja.
Anteriormente se apuntaba a la incomodidad como un factor que bloquea la comunicación y que, una vez se supera, es cuando se puede crecer y trabajar en lo que se necesite. Sin embargo esta incomodidad puede estar compuesta por diversas emociones e influenciada por varios factores.
En cuanto a las emociones, hay diversas que pueden afectar a la comunicación sexual, siendo de las más comunes la vergüenza, la sensación de vulnerabilidad, el miedo de que no haya entendimiento, el miedo a la sensación de rechazo o el miedo a que no se resuelva el tema en cuestión son algunos ejemplos.
Además, aunque cada persona y cada situación son distintas, también hay factores que afectan a la comunicación sexual con frecuencia relacionados con una educación sexual, ya que de esto derivan creencias como: “si hay que hablarlo, ya no es espontáneo”, lo que se espera de cada miembro por su género o la idea de cómo debe ser un encuentro sexual
Precisamente por eso, la educación sexual en la adultez es tan importante. Muchas personas nunca aprendieron a poner palabras a su experiencia íntima, algo se desarrolla en el artículo Educación sexual: lo que no nos enseñaron y necesitamos saber de adultos.
No se puede comunicar lo que nunca se aprendió a nombrar.

Cuando existe una base de comunicación sexual, los problemas no desaparecen, pero se gestionan de otra manera. Hay menos interpretación, menos culpa y más colaboración. Incluso si no hay ninguna dificultad de base, ayuda a potenciar el placer en la relaciones y el bienestar con la otra persona.
Además, en relaciones de pareja esto ayuda a generar intimidad, bienestar y conexión, tal como se comenta en este artículo de Psicologiavitae.

No. Suele quitar presión, que es lo que más bloquea el deseo tanto mental como físicamente. Sin embargo, es importante hablar de manera adecuada.
Se puede empezar teniendo conversaciones menos intrusivas, yendo poco a poco, para que vaya comprobando que estas conversaciones son seguras.. También es importante dar espacio y acoger sus dudas e inseguridades sobre este tipo de comunicación.
Sí. La sexualidad siempre ha sido un tema tabú y no hay una educación sexual que favorezca este tipo de conversaciones. La comunicación sexual también se aprende.
Puede influir, ya que sentir que hay una exigencia grande genera presión, y el hecho de no hablarlo suele hacer que aumente en lugar de aliviarla.
La comunicación sexual no es un extra. Es una parte esencial del bienestar sexual y relacional.
Hablar no garantiza que todo sea fácil, pero una comunicación sexual de calidad ayuda a mejorar dificultades relacionadas con la sexualidad y a potenciarla, mientras que el silencio casi favorece el malestar. Cuando las palabras aparecen, el cuerpo suele relajarse. Y cuando el cuerpo se relaja, el placer tiene más espacio.
Si te cuesta hablar de sexo, si sientes ansiedad al pensar en cómo expresar lo que necesitas o si la falta de comunicación está afectando a tu relación o a tu deseo, la terapia sexual o de pareja puede ayudarte a construir ese espacio seguro.
A veces, el primer paso hacia una sexualidad más libre es simplemente poder decirlo en voz alta.
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