En Navidades, a veces ocurre una paradoja interesante: tenemos más tiempo libre, pero este se llena de compromisos.
Sentir que se debe cumplir con todo —compras, visitas familiares, cenas de empresa, preparativos— puede hacer que las parejas entren en un estado de supervivencia basado en resolver, organizar y cumplir. Y, en este modo, lo emocional tiende a quedarse en segundo plano.
Además, cuando existe más tiempo libre, puede suceder que en algunas parejas haya cambios en las dinámicas que tenían (cómo compartir el tiempo, posibilidad de reorganizar tareas del hogar, más tiempo para discutir, etc.) lo cual puede afectar al vínculo.
Afrontar esta época de cambios desde la responsabilidades, centrarse en todo lo que se debe hacer y olvidarnos de la emoción puede hacer que:
Por todo esto es importante usar esta época, precisamente, para lo contrario: frenar juntas/os, simplificar y reconectar.

Las parejas no necesitan grandes gestos para sentirse cerca. Necesitan estar de verdad, lo que últimamente conocemos como presencia. Y la presencia surge cuando nos damos la oportunidad de estar con el otro, sin centrarnos en la carga mental.
Aquí tienes formas sencillas de volver a encontraros:
La mayoría de los eventos navideños son heredados y no los hemos escogido. Muchas personas los disfrutan, pero otras pueden sentirlos como cargas o, incluso, vivirlos como algo desagradable. Por ello, es esencial preguntarnos si lo que celebramos es lo que realmente queremos celebrar. En este sentido, tu pareja y tú podéis preguntaros:

Si estas navidades los únicos momentos libres que tenéis son los festivos que se llenan de celebraciones, podéis notar que no tenéis tiempo para vosotros. La buena noticia es que no necesitáis muchas horas libres para sentiros cerca: la conexión se alimenta de micro-momentos que se van repitiendo:
Los momentos pequeños no son irrelevantes, de hecho tienen una importancia enorme porque en el día a día habrán otras cosas que requieran de atención. Así, ayudan a tener una cercanía sostenible, y no por ello menos intensa.
Si queréis trabajar la conexión emocional, podéis profundizar en este artículo sobre la importancia de la comunicación erótica y afectiva..
En Navidad todo gira en torno a los demás: familia, amigos, trabajo. Aquí toca equilibrar.
Probad esto:

Es clave entender que la conexión física no empieza en el sexo, sino mucho antes.
El objetivo de estos días no es tener “el mejor sexo del año”, sino crear espacio para sentir, en vez de rendir.
Si hay ansiedad sexual, es normal que el cuerpo esté tenso o reactivo. La propuesta es volver a él sin prisa:
Si quieres leer más sobre ansiedad sexual, este artículo sobre qué es y sus efectos te puede interesar:
La ansiedad sexual mejora muchísimo cuando la comunicación es más abierta, más empática y menos crítica: al hablar con cariño se reduce la tensión, se aumenta la complicidad y el encuentro físico se siente más seguro.
Si quieres aprender a hablar con tu pareja de temas sensibles, este artículo en que te explico cómo tener conversaciones difíciles puede resultarte interesante.
Es habitual que en diciembre aparezcan:
Estos factores son terreno fértil para que surjan discusiones que pongan sobre la mesa temas que, en muchas ocasiones, generan un malestar de base pero que queda disimulado con las responsabilidades cotidianas.
Por otro lado, que aparezcan conflictos o discusiones (especialmente cuando cuesta resolverlos) también puede afectar a la sexualidad, ya que el deseo suele aparecer cuando estamos a gusto y nos sentimos seguros con el otro, no cuando nos sentimos poco escuchados o atacados. En este sentido, la sensación de distancia afecta, y mucho.

Por la mezcla de estrés, cansancio, carga mental y expectativas sociales. El deseo necesita espacio, calma y conexión, justo lo contrario de lo que suele traer diciembre.
Lo primero es hablarlo sin presión. Lo segundo es buscar formas de conexión física, no necesariamente sexuales. Mantener la intimidad, incluso sin sexo, protege la relación.
Sí. El sistema nervioso queda más reactivo y la pareja puede sentir menos calma, seguridad y presencia. Por eso es importante crear espacios propios como pareja.
Mucho. Si la pareja es capaz de priorizarse y conectar emocionalmente (mediante actividades, charlas o potenciando la intimidad) esta época puede convertirse en un punto de inflexión para reforzar el vínculo emocional y físico.
La Navidad, puede ser una buena época para reconectar física y emocionalmente con la pareja, pero para ello es esencial saber decir que no cuando hay saturación, encontrar otras vías de relacionarnos con los vínculos cercanos y priorizar lo que de verdad puede sumar.
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