En el anterior artículo se revisaba la idea de que durante años se ha repetido que los hombres “siempre tienen ganas” (puedes leerlo aquí). Y si eso es lo que se ha dicho a los hombres, a las mujeres se les ha transmitido otro mensaje igual de dañino: que deberían cumplir, que el deseo de él siempre va por delante.
Este mensaje, además, se vuelve confuso porque se transmitió a la vez que otra idea contradictoria, en cierta manera: el sexo es sucio, indeseable o immoral.
El resultado es una sexualidad vivida muchas veces desde la obligación, la culpa o el silencio, además de una gran desconexión entre lo que el cuerpo siente y lo que se cree que “debería” sentir.
Porque no: si los hombres no funcionan de manera automática, las mujeres tampoco funcionan por obligación. Y el deseo femenino no aparece por el “deber” de cumplir expectativas ajenas.
A muchas mujeres se les ha enseñado que decir que no genera conflicto, que rechazar el sexo es egoísta, que mantener una relación sexual implica “ceder” y que el deseo debería aparecer si la pareja lo necesita (o que se debería responder a este).
Este aprendizaje hace que el sexo deje de ser una experiencia elegida para convertirse en una tarea. Y cuando el sexo se vive como deber, el deseo se apaga.
Este tipo de creencias forman parte de los mitos que abordamos en este artículo sobre mitos relacionados con la sexualidad.
Uno de los grandes malentendidos que se mezcla con esta idea es pensar que, si hay amor, debería haber siempre ganas (o, en su defecto, ceder para cuidar a la otra persona). Pero el deseo no responde a la lógica del cariño o la responsabilidad, sino a la seguridad, la conexión, la emocionalidad y la libertad.
Muchas mujeres tienen relaciones sanas y amorosas… y aun así no sienten deseo, porque están cansadas, se sienten poco escuchadas, viven el sexo como una expectativa externa o han aprendido a priorizar al otro antes que a sí mismas. Y es en este punto donde puede aparecer con fuerza la ansiedad sexual (que se aborda en profundidad en este artículo, analizando causas y explicando cómo gestionarlo).
Frases como “ya toca”, “no puedo decir que no otra vez” o “se va a enfadar” se pueden volver más comunes de lo que parece cuando se ve el sexo como una obligación.
Por otro lado, cuando el consentimiento se mezcla con miedo o culpa, el cuerpo no se siente seguro. Y sin seguridad, el deseo no aparece.
A veces, esta presión no es solo interna sino que la otra persona puede llegar a hacerlo. En cualquier caso, es importante saber que esta presión no ayuda. Si quieres saber más, aquí se aborda cómo se genera esta presión en pareja, qué efectos tiene y cómo la comunicación es la clave.

Muchas mujeres han aprendido a vivir su cuerpo desde fuera: cómo se ve, cómo responde, si gusta. Esto dificulta escuchar qué apetece realmente y cuándo porque el foco está puesto en algo que no es el placer o disfrutar.
Se podría decir que es algo parecido al “rol del espectador” que aparece en hombres cuando hay disfunción eréctil: ese mirar el propio cuerpo para ver si responde o no, en vez de estar presente en la relación.
Cuando el sexo se organiza en torno al placer ajeno (ritmo, prácticas, final), es fácil que la experiencia se vuelva mecánica y poco conectada.
Muchos hombres, en este punto, afirman que ellos también se centran en el placer de ellas, y es cierto. La diferencia es cómo se hace: ellas acceden (ceden), ellos buscan la intensidad (placer desmesurado de ellas). Evidentemente, no siempre es así ni tan exagerado, pero en las consultas esta diferencia es clave, entre otras cosas porque se debe poder identificar cuándo de verdad una práctica no es deseada.
Vivir la sexualidad desde el deber puede llevar a ansiedad anticipatoria, rechazo al sexo, dolor durante las relaciones, falta de excitación o lubricación, desconexión emocional en la pareja.
Muchas mujeres llegan a consulta pensando que “no tienen deseo”, cuando en realidad lo que tienen es, por un lado, un rechazo a no tener deseo (que puede ser perfectamente normal) y, por otro, un cuerpo que se protege de realizar prácticas bajo la presión derivada de creencias erróneas.
👉 Para saber más sobre cómo la ansiedad sexual y el dolor en el sexo se relacionan, puedes leer este artículo.
Consentir no es solo decir que sí. Es querer, elegir y poder cambiar de opinión sin miedo. Recuperar esta idea es profundamente liberador para el deseo.
El deseo no es estable, sino que cambia según diferentes factores: emocionales, ambientales, relacionales, etc. Es importante entender esto y no afrontar el no tener deseo esperado desde la culpa (además, porque desde ahí tampoco será fácil recuperar el deseo).

Hablar de cómo se vive el sexo, qué significa para cada miembro, qué lugar ocupa dentro de la relación y qué papel tienen en la relación es clave para reconstruir una sexualidad más segura. Es importante hablar sin reproches ni interpretaciones automáticas e intentando entender a la otra parte, sobre todo cuando expresa este tipo de sensaciones.
Muchas mujeres nunca recibieron información realista sobre su deseo, su cuerpo o su placer. Aprender en la edad adulta es un factor protector enorme.
👉 Para empezar a romper con algunos mitos y aprender sobre educación sexual, puedes leer este artículo donde se habla de qué es el consentimiento, qué implica la sexualidad realmente y quién puede tener placer, entre otras cosas.
Cuando el sexo se ha vivido durante mucho tiempo desde la obligación, trabajar estos patrones en terapia puede marcar un antes y un después, tanto a nivel individual como de pareja.
Si te lo has planteado pero no sabes por dónde empezar o cómo escoger a un profesional adecuado, este artículo puede ayudarte a saber en qué fijarte cuando buscas apoyo psicológico.
Sí. Amor y deseo no siempre van al mismo ritmo. De hecho, cuanta más estabilidad y comodidad hay en la relación, más probable puede ser que baje el deseo, ya que este necesita de cierta emoción.
Sin embargo, esto va a depender de cada pareja y, además, se puede trabajar para potenciar el deseo.
Idealmente no. Sin embargo, cuando la pareja no empatiza o no cambia su manera de hacer e intenta poner de su parte, la relación puede tener momentos difíciles. Aquí es importante remarcar que cómo se lo tome la pareja no indica si lo que ocurre es mejor o peor, eso tiene que ver con sus expectativas e ideas.
Esto no significa que se deba ceder y acceder a lo que no se desea, porque eso sí que daña la relación. Tener sexo sin deseo y acumular malestar hará que todo esto acabe saliendo en un momento u otro, ya que es insostenible para uno de los mimebros de la pareja.
De este modo, la clave es poder hablarlo de manera honesta y empática y, si la pareja no está en ese punto. Quizás sería interesante empezar a trabajar la empatía. Otra recomendación sería buscar ayuda profesional.
A veces sí, aunque también puede ser reactivo al deseo del otro y activarse cuando se han mostrado ganas.
Lo que está claro, es que para que aparezca de verdad es necesaria la ausencia de presión.
¿Cuándo conviene buscar ayuda?Cuando el sexo se vive con culpa, ansiedad o desconexión persistente. Otros indicativos de que el apoyo profesional puede ser beneficioso son:
El deseo femenino no aparece por obligación. Aparece cuando hay libertad, seguridad y escucha interna.
Dejar de forzarse no es rendirse: es empezar a cuidarse. Y solo desde ahí puede construirse una sexualidad más viva, más honesta y más compartida.
Si sientes que tu sexualidad se ha ido llenando de “tengo que” en lugar de “me apetece”, trabajar estos temas en terapia sexual o de pareja puede ayudarte a reconectar con tu deseo desde un lugar más amable y auténtico.
El deseo no se exige. Se respeta. 💛
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