Hablar de la falta de deseo sexual en la pareja suele generar incomodidad, como si fuera una señal de que algo está roto, de que el amor se ha apagado o, incluso, de que hay algo mal con la persona con menor deseo. Sin embargo, en consulta es una de las situaciones más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las que más culpa y confusión genera.
Lo primero que conviene entender es que el deseo no funciona como un interruptor. No desaparece de golpe ni se mantiene estable porque la persona siente que “debería” tener más ganas. El deseo cambia, fluctúa y se ve profundamente influido por el estado emocional, la calidad del vínculo, el estrés cotidiano y la forma en la que nos sentimos con nosotros mismos y con la otra persona.

En muchas parejas, la falta de deseo no aparece como un cambio brusco, sino como un proceso lento, muchas veces ligado a los ritmos de la persona o a los cambios que se dan en la pareja. Por ejemplo, podría sucede que primero se posponen encuentros íntimos por cansancio, luego se reduce la iniciativa y, con el tiempo, el sexo empieza a ocupar un lugar cada vez más lejano en la relación porque se priorizan otras cosas.
Es habitual que una de las dos personas empiece a preguntarse si esto es normal. La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Cada pareja construye su propio equilibrio, y lo importante no es la frecuencia en sí, sino cómo se vive esa diferencia dentro del vínculo.
Puedes profundizar más en esta idea en el artículo del blog sobre cuántas veces es normal tener relaciones sexuales en pareja.
Cuando el deseo disminuye, muchas personas buscan una explicación única. Sin embargo, lo más habitual es que haya varios factores actuando al mismo tiempo.
El estrés diario, la carga mental, la falta de descanso o los conflictos no resueltos pueden ir apagando progresivamente la conexión sexual. A esto se suma la forma en la que nos sentimos emocionalmente en la relación. Cuando hay tensión o distancia, el cuerpo también lo registra.
En este punto, puede ayudar entender cómo se conceptualiza clínicamente la disminución del deseo sexual desde una perspectiva médica, como explican en Mayo Clinic en este artículo centrado en la falta de deseo en mujeres.

Una de las causas más infravaloradas de la falta de deseo es la ansiedad. No siempre se manifiesta como nervios evidentes, sino como presión interna, autoexigencia o miedo a no responder como se espera.
Cuando el cuerpo entra en estado de tensión, el sistema de excitación sexual se inhibe. Es decir, el organismo está en modo alerta, no en modo placer. Este mecanismo está muy relacionado con la ansiedad sexual y su impacto en el cuerpo y el deseo, sobre el que se habla más en este artículo.

Recuperar el deseo no suele empezar en la cama, sino fuera de ella. En la forma de hablarse, en la conexión emocional diaria y en la sensación de seguridad dentro de la relación.
También es importante entender que el deseo no siempre aparece de forma espontánea. Muchas personas experimentan lo que se conoce como deseo responsivo: el deseo surge después de empezar a conectar, no antes.
En este proceso, puede haber momentos en los que cueste iniciar el sexo incluso aunque exista atracción o cariño, lo cual no es raro ni contradictorio. De hecho, que alguien note que no tiene tanta iniciativa en el sexo como su pareja o como le gustaría es algo muy habitual en consulta y se puede relacionar tanto con la cantidad de deseo que experimenta esa persona como otros aspectos como la seguridad personal, tal como se explica aquí.

Cuando el tema se evita constantemente, cuando aparece frustración o cuando se vive con culpa o distancia emocional, es recomendable detenerse y entender qué está ocurriendo más allá de lo sexual.
El objetivo no suele ser volver a una etapa anterior, sino construir una forma de intimidad que tenga sentido en el momento vital actual de la pareja.
A veces eso implica más conexión emocional, otras veces más comunicación, y en algunos casos, aprender a quitar presión para que el deseo pueda volver a aparecer de forma natural.
La falta de deseo sexual en la pareja no siempre es una crisis, pero sí es una señal de que algo necesita atención e ignorarla o forzar soluciones rápidas suele aumentar la distancia en lugar de reducirla.
Entender lo que está pasando, poder hablarlo sin juicio y dar espacio a lo que cada persona siente suele ser el primer paso para recuperar la conexión.
Si sientes que este tema está afectando a tu relación o que os estáis alejando sin saber muy bien cómo, quizá no se trate de tener más sexo, sino de entender qué está pasando entre vosotros a un nivel más profundo.
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