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Experiencias pasadas en las relaciones y cómo influyen en la pareja

¿Cómo influyen las experiencias pasadas en las relaciones? Lo que llevamos a la pareja

Cuando empezamos una relación, solemos pensar que estamos conociendo a una persona nueva y que, por lo tanto, todo empieza de cero: hay una nueva historia, nuevas experiencias y una oportunidad para construir algo diferente.

Pero, en realidad, nadie llega a una relación completamente desde cero, ya que cada persona lleva consigo experiencias pasadas en las relaciones relacionadas con su historia: lo que aprendió sobre el amor, las relaciones que tuvo anteriormente, la manera en la que aprendió a expresar sus emociones, lo que experimentó cuando necesitó apoyo y también las ideas que fue construyendo sobre lo que significa querer y ser querido.

Por eso, nuestras experiencias pasadas en las relaciones pueden influir en cómo vivimos una relación actual, aunque eso no significa que nuestro pasado determine nuestro presente ni que estemos condenados a repetir aquello que hemos vivido. Significa que algunas experiencias dejan aprendizajes que pueden aparecer, de forma consciente o no, cuando volvemos a vincularnos con alguien.

A veces esos aprendizajes nos ayudan, otras pueden hacer que interpretemos determinadas situaciones desde el miedo, que nos protejamos antes de tiempo o que repitamos formas de relacionarnos que ya no necesitamos.

Y quizá una de las preguntas más interesantes no sea únicamente qué hace nuestra pareja, sino también qué llevamos nosotros a la relación.

¿Cómo influyen las experiencias pasadas en las relaciones?

Cómo influyen las experiencias pasadas en las relaciones de pareja

Las relaciones no ocurren en un vacío, cuando conocemos a alguien nuestra historia entra a la relación.

Nuestra forma de entender la confianza, el compromiso, la intimidad o los conflictos se ha ido construyendo a partir de nuestras experiencias. Las relaciones familiares, las amistades, las primeras experiencias amorosas y las relaciones anteriores pueden contribuir a crear determinadas expectativas sobre cómo debería funcionar una pareja.

Por ejemplo, alguien que ha vivido una relación en la que la comunicación era abierta puede haber aprendido que hablar de un problema no significa necesariamente que exista una amenaza para el vínculo. Para otra persona, en cambio, los conflictos pueden haber estado asociados durante años con rechazo, silencio o ruptura. Es comprensible, entonces, que ambos lleguen a una discusión reaccionando de maneras diferentes.

Pero esto no significa que una persona esté bien y la otra mal, sinó que están interpretando una misma situación desde puntos de vista e historias diferentes.

También puede ocurrir que aquello que hemos aprendido en relaciones anteriores influya en nuestra manera de interpretar lo que sucede ahora: una experiencia dolorosa puede hacer que prestemos más atención a determinadas señales o que reaccionemos con mayor intensidad ante situaciones que nos recuerdan, aunque sea de manera indirecta, a algo que ya vivimos.

Por eso, comprender nuestras experiencias pasadas puede ayudarnos a distinguir entre lo que está ocurriendo realmente en el presente y aquello que nuestro cerebro está asociando con experiencias anteriores.

¿Cómo influye la infancia en las relaciones de pareja?

Cómo influye la infancia en las relaciones de pareja

Cuando hablamos de experiencias pasadas en las relaciones, es frecuente pensar inmediatamente en las parejas anteriores. Sin embargo, nuestra historia empieza mucho antes de tener una relación romántica.

La familia y las primeras relaciones significativas pueden enseñarnos, de manera explícita o implícita, cómo se expresa el cariño, cómo se gestionan los desacuerdos y qué ocurre cuando mostramos nuestras necesidades.

Un niño no necesita recibir una explicación sobre cómo funcionan las relaciones para aprender sobre ellas, sinó que observa. Puede crecer viendo que los conflictos se hablan tranquilamente, que las emociones tienen espacio y que pedir ayuda es algo normal. Pero también puede acostumbrarse a que determinados temas no se mencionen, a que las emociones incomoden o a que el afecto dependa de cumplir determinadas expectativas.

Con el tiempo, algunos de esos aprendizajes pueden formar parte de nuestra manera habitual de relacionarnos, aunque esto no significa que la infancia determine cómo será nuestra vida adulta. Las personas tenemos capacidad para aprender, cambiar y construir experiencias diferentes. De hecho, nuestras relaciones posteriores también pueden convertirse en espacios donde descubrimos otras formas de comunicarnos y de sentirnos seguros.

Por eso es importante evitar explicaciones demasiado simples del tipo «te pasa esto porque tuviste una infancia determinada». Nuestra historia influye, pero no explica por sí sola todo lo que hacemos en el presente.

Lo que aprendiste sobre el amor también llega contigo

Aprendizajes sobre el amor y relaciones de pareja

Cada persona desarrolla, a lo largo de su vida, determinadas ideas sobre cómo debería ser una relación. Algunas de ellas son conscientes, mientras que otras están tan integradas que ni siquiera nos damos cuenta de que son creencias.

Podemos haber aprendido, por ejemplo, que querer significa estar siempre disponible para la otra persona, que una pareja debería contárselo absolutamente todo, que discutir es una señal de que algo va mal o que si alguien nos quiere de verdad debería saber lo que necesitamos sin que tengamos que explicarlo.

El problema aparece cuando confundimos aquello que hemos aprendido con una verdad universal, ya que nuestra pareja puede tener una concepción diferente del espacio personal, de la intimidad, del tiempo compartido o de la manera de resolver los conflictos. Y que sea diferente no significa necesariamente que sea mala o incompatible con la nuestra.

Lo mismo ocurre con la sexualidad: también llegamos a una relación con ideas previas sobre cómo debería funcionar el deseo, cuánto sexo debería haber o cómo debería ser una experiencia sexual satisfactoria. Y muchas de esas expectativas proceden de mensajes culturales y sociales más que de nuestra propia experiencia.

En este sentido, puede ser interesante profundizar en las expectativas poco realistas sobre la sexualidad y cómo influyen en nuestra forma de vivir el deseo. Revisar estas ideas no significa renunciar a lo que queremos, sino distinguir entre nuestros deseos reales y aquello que creemos que deberíamos desear.

A veces, una parte importante del trabajo personal consiste precisamente en preguntarnos qué expectativas sobre el amor son realmente nuestras y cuáles hemos incorporado de nuestra familia, de relaciones anteriores o incluso de los modelos de pareja que hemos visto a nuestro alrededor.

¿Cómo afectan las relaciones anteriores a una nueva pareja?

Aprendizajes sobre el amor y relaciones de pareja

Las relaciones anteriores también forman parte de lo que llevamos con nosotros: una experiencia positiva puede ayudarnos a confiar, a reconocer nuestras necesidades o a saber qué queremos construir con otra persona. Pero una relación que terminó con mucho dolor también puede dejar determinados aprendizajes.

Después de haber sufrido una infidelidad, por ejemplo, puede resultar difícil confiar plenamente en una nueva pareja. Después de haber vivido una relación en la que nuestros límites no fueron respetados, quizá prestemos mucha más atención a determinadas señales. Y después de una relación en la que sentimos que teníamos que esforzarnos constantemente para ser elegidos, podemos necesitar más seguridad y confirmación en la siguiente.

Esto no significa que esas reacciones sean necesariamente problemáticas. De hecho, algunas pueden ser respuestas comprensibles a lo que hemos vivido.

La dificultad aparece cuando una experiencia pasada empieza a ocupar tanto espacio que condiciona una relación que, en realidad, está ocurriendo en circunstancias diferentes.

A veces, el pasado no aparece únicamente como un recuerdo, sino que puede hacerlo en forma de pensamientos repetitivos, comparaciones o dificultades para dejar atrás una relación anterior. Si te encuentras dando vueltas una y otra vez a lo que ocurrió, puede ser útil conocer también cómo funciona la rumiación tras una ruptura y por qué resulta tan difícil dejar de dar vueltas al pasado.

Por tanto, lo importante no es olvidar el mi pasado, sino  evitar que lo que se vivió entonces decida automáticamente cómo te relacionas ahora. Y esto es especialmente importante cuando la historia anterior empieza a proyectarse constantemente sobre la relación actual. Un miedo aprendido puede avisarnos de algo que merece atención, pero también puede hacer que interpretemos el presente desde experiencias que ya no están ocurriendo.

De hecho, el pasado de una pareja puede convertirse en una fuente de inseguridad cuando aparecen comparaciones o pensamientos persistentes sobre sus relaciones anteriores. Psychology Today explica este fenómeno en su artículo Cómo superar tu obsesión con el pasado de tu pareja, donde aborda los llamados celos retroactivos y la relación entre comparación, miedo e inseguridad.

Patrones aprendidos: lo que repetimos sin darnos cuenta

Patrones aprendidos en las relaciones de pareja

Las experiencias pasadas no solo pueden influir en lo que esperamos de una relación. También pueden aparecer en nuestra manera de actuar dentro de ella.

A veces repetimos formas de relacionarnos que conocemos, incluso cuando racionalmente sabemos que no son las que queremos. Puede ocurrir que ante un conflicto busquemos inmediatamente resolverlo, mientras nuestra pareja necesita espacio. O que, cuando percibimos cierta distancia, intentemos acercarnos todavía más porque necesitamos recuperar la seguridad. También puede suceder lo contrario: que ante una situación emocionalmente intensa nos alejemos para evitar sentirnos desbordados.

Estos patrones no aparecen necesariamente porque queramos repetir nuestra historia. Muchas veces son respuestas que hemos aprendido a utilizar porque en algún momento tuvieron sentido para nosotros. La dificultad aparece porque una estrategia que pudo resultar útil en un contexto determinado no tiene por qué seguir siéndolo años después.

Por eso, reconocer un patrón no significa etiquetarnos ni concluir que «siempre hacemos lo mismo». Significa empezar a observar qué ocurre antes de nuestra reacción, qué sentimos en ese momento y qué intentamos conseguir con nuestra manera de actuar.

A veces, detrás de una reacción aparentemente exagerada hay una necesidad completamente comprensible: sentir seguridad, ser escuchado, evitar el rechazo o recuperar la sensación de control.

Y estos patrones también pueden aparecer después de una discusión. No todas las personas han aprendido a reparar un conflicto de la misma manera: algunas necesitan hablar inmediatamente, mientras que otras necesitan primero regular lo que están sintiendo. Aprender a volver a conectar después de un desencuentro puede ser tan importante como aprender a discutir. En este sentido, puedes leer también Después de una discusión: cómo reconectar con tu pareja.

Autoestima y relaciones de pareja: cómo influye la imagen que tenemos de nosotros

Lo que pensamos de nosotros mismos también puede influir en la forma en la que vivimos una relación: cuando nuestra autoestima depende demasiado de la aprobación externa, podemos sentir que necesitamos determinadas respuestas de nuestra pareja para confirmar que somos queridos, atractivos o importantes.

Cambiar patrones aprendidos en las relaciones de parejaUna pequeña distancia puede interpretarse entonces como falta de interés. Una crítica puede sentirse como un rechazo mucho mayor de lo que pretendía ser. Y un desacuerdo puede activar dudas sobre nuestro propio valor.

Esto no significa que una persona con buena autoestima nunca necesite afecto o seguridad: necesitar a los demás forma parte de las relaciones humanas. La diferencia está en cuánto depende nuestro bienestar de obtener constantemente esa validación.

Trabajar la autoestima no consiste en dejar de necesitar a nuestra pareja ni en convertirnos en personas completamente independientes emocionalmente. Se trata de construir una relación más equilibrada con nosotros mismos, en la que podamos recibir cariño sin sentir que nuestro valor depende exclusivamente de él.

Y esto también permite algo importante: elegir desde un lugar más libre.

Cuando sabemos quiénes somos, qué necesitamos y qué límites tenemos, resulta más fácil construir relaciones que encajen con nosotros en lugar de adaptarnos constantemente para conseguir que alguien nos elija.

Comprender tu pasado no significa justificarlo todo

Hablar de experiencias pasadas puede ayudarnos a comprender determinadas formas de reaccionar, pero comprender no significa justificar.

Que una persona haya aprendido a evitar los conflictos porque en su familia las discusiones eran muy intensas puede explicar por qué se bloquea cuando aparece un problema, pero esa explicación no significa que tenga que mantener indefinidamente una forma de comunicación que perjudica su relación.

Del mismo modo, haber vivido una relación en la que se rompió la confianza puede explicar determinadas dificultades para volver a confiar, pero la nueva pareja no tiene la responsabilidad de reparar por sí sola aquello que ocurrió en el pasado.

Aquí aparece una diferencia importante entre culpa y responsabilidad: la culpa suele llevarnos a preguntarnos qué hemos hecho mal. La responsabilidad, en cambio, permite preguntarnos qué podemos hacer ahora con aquello que hemos aprendido.

No elegimos todas las experiencias que nos han marcado, pero sí podemos decidir qué hacemos con ellas cuando las reconocemos.

¿Podemos cambiar los patrones que repetimos en las relaciones?

Cambiar patrones aprendidos en las relaciones de pareja

Sí. Y esta es probablemente una de las ideas más importantes cuando hablamos de experiencias pasadas en las relaciones.

Los patrones pueden modificarse cuando empezamos a observarlos con mayor conciencia y encontramos maneras diferentes de responder. A veces esto ocurre de forma gradual, a través de nuevas experiencias y relaciones en las que descubrimos que podemos actuar de otra manera. Por ejemplo, alguien que siempre ha evitado expresar sus necesidades puede empezar a practicar una comunicación más directa. Una persona acostumbrada a buscar constantemente aprobación puede aprender a tolerar mejor la incertidumbre sin interpretar cada cambio como una señal de rechazo. Y quien tiende a desaparecer ante los conflictos puede aprender que permanecer en la conversación no significa necesariamente estar en peligro.

El cambio no consiste en reaccionar siempre perfectamente. Consiste en ampliar nuestras posibilidades de respuesta.

Entre el impulso y lo que finalmente hacemos puede aparecer un espacio para preguntarnos qué estamos sintiendo, qué necesitamos y qué queremos construir. En ese espacio es precisamente donde empieza buena parte del cambio personal.

Lo que llevas a una relación también puede convertirse en una oportunidad

Nuestra historia forma parte de nosotros, pero no tiene por qué convertirse en un guion que se repite una y otra vez.

Llegamos a las relaciones con nuestras experiencias, nuestras expectativas, nuestras inseguridades, nuestros recursos y también con todo aquello que hemos aprendido sobre nosotros mismos.

Algunas cosas nos ayudan a construir vínculos sanos y otras pueden necesitar ser revisadas. La cuestión no es intentar llegar a una relación completamente «sin pasado». Eso no existe. Tampoco se trata de analizar cada reacción buscando una explicación en la infancia o en relaciones anteriores. Se trata de desarrollar suficiente autoconocimiento como para reconocer qué estamos llevando con nosotros y decidir qué queremos conservar, qué necesitamos modificar y qué ya no nos representa.

Una relación de pareja no solo nos permite conocer a otra persona, también puede mostrarnos partes de nosotros mismos que quizá no habíamos visto con tanta claridad. Y cuando somos capaces de mirar esas partes con curiosidad, en lugar de hacerlo desde la culpa, nuestras relaciones pueden convertirse también en una oportunidad para crecer.

Si sientes que determinadas experiencias siguen influyendo en la manera en la que te relacionas, trabajar en ellas desde la psicología puede ayudarte a comprender mejor tus patrones, tus necesidades y tu forma de vincularte.

Si quieres entender y trabajar tus patrones, historia o cómo te relacionas, podemos empezar ese proceso para que puedas entender mejor lo que llevas contigo y construir relaciones más coherentes con quien eres hoy.

👉 Puedes dar ese primer paso aquí.

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