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Educación sexual: mitos que nos enseñaron y lo que necesitamos saber

Durante años, la educación sexual se redujo a una lista de advertencias: cómo evitar un embarazo o cómo protegerse de infecciones era lo único que, con suerte, se enseñaba. Pero nadie nos enseñó cómo potenciar nuestro erotismo, cómo conectar con el propio cuerpo, cómo hablar de placer, o cómo mantener relaciones sanas y consentidas.

Hoy, muchas personas adultas cargan con los vacíos de esa educación incompleta: las inseguridades, las culpa, el desconocimiento o las dificultades para disfrutar del sexo son más comunes de lo que se puede creer.

Si tener una buena educación sexual desde el inicio permite vivir el sexo desde el placer, reaprender la sexualidad es  indispensable para deshacernos de los lastres que nos impiden disfrutar de verdad del sexo de verdad del sexo, siendo una forma de empoderamiento personal, sanación y libertad.

 

Lo que no nos enseñaron (y deberíamos haber aprendido)

  • Que la sexualidad no es solo sexo

La sexualidad es parte de quién eres, no algo que “practicas”. Incluye aspectos como tu orientación sexual, tu identidad, tu cuerpo, tus vínculos y tu manera de expresarte.
Por eso, cuidarla no se trata solo de tener “una vida sexual activa” (también conocido como “yo tengo mucho sexo”), sino de sentirte en sintonía completa con lo que quieres y contigo misma/o.

  • Que el placer también es educación

A muchas personas les enseñaron que el placer era algo vergonzoso o exclusivo de los hombres. Por eso, a veces, ellos se olvidan de la otra persona y ellas se conforman. Aprender sobre placer —sin culpa ni tabúes— es aprender a conocerse, a respetarse y a disfrutar del propio cuerpo.

👉 Si sientes que el miedo o la ansiedad te impiden disfrutar del sexo, te puede ayudar este artículo sobre ansiedad sexual.

  • Que el consentimiento no es “decir sí o no”

El consentimiento implica deseo, calma y libertad para cambiar de opinión y lo que se expresa y las prácticas que se realizan deben ir en consonancia con esto. Una verdadera educación sexual enseña que el placer solo tiene sentido cuando todas las personas implicadas quieren levar a cabo las prácticas sexuales que se van a dar. El sexo implica respeto y comunicación mutua.

  • Que todo el mundo puede tener sexo y sentir placer

El cuerpo cambia, las experiencias también. Pero el derecho al placer y al disfrute no desaparece con la edad, la orientación o la situación de pareja. Así que si si tienes interés en el sexo, pero crees que no es para ti o te cuesta conectar con el placer, convendría saber qué está sucediendo. 

Si quieres más información, puedes leer este artículo sobre autoestima y sexualidad: cómo sentirte bien contigo para disfrutar más. ¡Recuerda que no hay normas en gustos ni preferencias, ni tampoco maneras correctas de tener sexo!

Desaprender para volver a disfrutar

Muchos de los bloqueos sexuales que tratamos en consulta —vaginismo, anorgasmia, falta de deseo, eyaculación precoz— tienen una raíz común: una educación sexual basada en el miedo y la desinformación.

Reaprender no es fácil, pero sí liberador. Implica cuestionar mitos, hablar abiertamente, explorar sin culpa y comprender que el placer no se opone al amor ni al respeto.

👉 Si te identificas con el dolor en el sexo, te recomiendo leer este artículo sobre vaginismo

Preguntas frecuentes sobre educación sexual

¿Es tarde para aprender sobre sexualidad si soy adulto?

Absolutamente no, para nada. La sexualidad es dinámica: evoluciona contigo. Cuanto más te conoces, más pleno/a puedes vivirla. Además, nuestros gustos, cuerpos y sensaciones cambian, así que es básico tener una educación sexual en la adultez que permita integrar estos cambios en la sexualidad.

¿Por qué me da vergüenza hablar de estos temas?

Porque nos educaron en el silencio. Lo único que hemos aprendido sobre el sexo y el placer lo hemos escuchado en conversaciones entre colegas, escenas en películas o pornografía. Una de las consecuencias de esto es que hablamos de las cosas que a priori son divertidas (y las glorificamos, pensando que eso es a lo que se debería aspirar), pero no tanto de las cosas que nos hacen vulnerables ni, por supuesto, de la comunicación sexual.

Sin embargo, hablar del cuerpo, el deseo o el placer no debería ser tabú; es parte del bienestar integral.

¿La educación sexual mejora las relaciones de pareja?

Sí. Una buena educación sexual favorece la comunicación, y por lo tanto la confianza, el deseo, la empatía y el disfrute mutuo.

Conclusión

La verdadera educación sexual no enseña solo a protegerse, sino a conocerse, disfrutar, cuidar y decidir libremente. Y, sobre todo, enseña que el placer no es un privilegio: es un derecho.

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