La disfunción eréctil (DE) sigue siendo uno de los temas más silenciados en la sexualidad masculina: muchos hombres la viven con vergüenza, miedo o culpa, sin saber que, en muchos casos, no tiene un origen físico, sino psicológico.
La ansiedad sexual —esa sensación de estar en alerta, de exigirse o de temer no rendir— puede convertirse en el mayor enemigo de la erección. Pero entender lo que ocurre en el cuerpo y en la mente es el primer paso para recuperar la confianza y disfrutar sin presiones.
La disfunción eréctil se define como la dificultad persistente para conseguir o mantener una erección la mayoría de veces que hay un encuentro sexual.
Aunque puede tener causas médicas (problemas vasculares, hormonales o neurológicos), en muchos hombres la raíz está en lo psicológico: la ansiedad, la inseguridad o la falta de confianza son aspectos que influyen en la dificultad para tener erecciones.
Cuando la causa es emocional o psicológica, hablamos de disfunción eréctil psicógena.

Para que una erección ocurra, el cuerpo necesita relajación y concentración en el placer. Si no puedes disfrutar del momento porque estás atascado en tus pensamientos o tu miedo es muy grande, no va a aparecer la erección.
Algunos ejemplos de pensamientos que pueden venir en estos casos son:
“¿Y si no me funciona?”
“¿Y si me vuelve a pasar?”
“Tengo que hacerlo bien.”
Como ves, estos pensamientos no se conectan con nada agradables: el cuerpo activa una respuesta de estrés y alerta que te aleja del disfrute.
En otras palabras: el cuerpo se prepara para defenderse, no para disfrutar.
Lo más frustrante es que la disfunción eréctil causada por ansiedad se alimenta a sí misma:
Así se forma un bucle en el que cada experiencia refuerza la siguiente.
No siempre es fácil distinguir una causa emocional de una física, pero hay algunas pistas:
Si te identificas, puede ser un signo claro de ansiedad sexual. Puedes leer más sobre este tema en: Ansiedad sexual: cómo afecta al cuerpo, al deseo y en la cama.
La disfunción eréctil de origen psicológico puede tener un origen temprano y que nunca se haya tenido erecciones con naturalidad, o bien aparecer en algún momento vital (puede que se mantenga tras un momento puntual de pérdida de la erección). Además, tiene distintos factores asociados:
Superar la disfunción eréctil causada por ansiedad no implica “controlar” más, sino aprender a disfrutar (y no, eso no implica forzarte a disfrutar: ¡Estaríamos controlando!). Aquí te dejo algunos pasos clave:
¿Qué mensajes te llegan sobre la sexualidad? ¿Tu pareja te exige en la cama? ¿Cómo hablan tus amigos del sexo? ¿Alguien te ha expresado algo que le haya costado en el sexo?
Saber qué tipo de información estamos normalizando en nuestro día a día es fundamental para identificar si hago lo que realmente me apetece o si lo hago por presión. También ayuda a desmontar mitos entorno a la sexualidad ya que nos podemos hacer críticos ante estos mensajes, creando una sexualidad propia.
Si la pareja es una fuente de apoyo, hablar del tema puede ayudar a reducir la vergüenza o la culpa, ayudará para saber si lo que asumes que quiere es la realidad y podréis construir una sexualidad a medida.
Sin embargo, no siempre es fácil hablar de este tema: a veces la pareja presiona sin quererlo o la manera de abordarlo no acaba de resolver las inseguridades. En este caso, hablar con un profesional puede ser una buena opción.

El sexo no es un examen, aunque la ansiedad te haga sentir que sí. Explorar tu cuerpo o el de tu pareja sin ningún objetivo (como “lograr la erección”) ayuda al cuerpo a relajarse y recuperar la naturalidad.
Muchos hombres asocian su valor personal con su desempeño sexual. Reconectar con la propia sexualidad —sin presiones— fortalece la autoestima erótica.
Puedes profundizar en este tema en este artículo sobre autoestima y sexualidad.
Un proceso de terapia sexual ayudará a trabajar hacia diversos objetivos que ayudaran a recuperar las erecciones, entre ellos:
No, muchas veces la disfunción eréctil es psicógena. Por otro lado, cuando la causa es física también suele acarrear un malestar elevado.
Si tienes erecciones espontáneas (por ejemplo, al despertar o en la masturbación) o bien situacionales (a veces sí y a veces no), lo más probable es que el origen sea psicológico.
Sí. Con acompañamiento sexológico y herramientas personalizadas a cada caso (el manejo del estrés, la exigencia sexual elevada o la necesidad de incluir a la pareja en terapia son ejemplos claros) la mayoría de las personas recuperan su vida sexual.
No me gusta particularmente la palabra “normal”, así que responderé así: a día de hoy es usual sentirla. Ese es el caso de la mayoría de hombres con disfunción eréctil, ya que se ha vinculado la masculinidad con el rendimiento sexual. Pero hablarlo y pedir ayuda es una vía para repensar la situación y, por lo tanto, como nos sentimos con ella.
La disfunción eréctil no define tu valor, tu deseo ni lo “bueno” que eres en la cama. Es una señal de que tu cuerpo y tu mente necesitan algo, probablemente relacionado con el descanso de la exigencia.
Recuperar la erección natural no consiste en esforzarse más, sino en soltar el control y reconectar con el placer. Porque la verdadera potencia sexual no está en “rendir”, sino en disfrutar, confiar y sentir.
Si quieres saber más sobre el tema, puedes leer este artículo de Quironsalud.

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