Quizás te suenan frases como: “Discutimos por cualquier cosa”, “todo acaba siendo un drama”, “empezamos hablando de algo pequeño y termina siendo enorme” o “discutimos por tonterías.”
En muchas parejas, las discusiones parecen girar siempre alrededor de temas cotidianos: la cena, los planes, la organización del día a día y pequeños imprevistos del día a día. Sin embargo, en consulta aparece una idea clara una y otra vez: el conflicto rara vez explota por el tema en sí, sino por cómo se vive emocionalmente la conversación.
Para entenderlo mejor, vamos a apoyarnos en tres ejemplos muy comunes, no porque sean especialmente graves, sino porque muestran cómo una discusión aparentemente simple puede escalar cuando el “cómo” falla. Es decir, vamos a ver que muchas veces lo que aumenta la tensión no es tanto el “qué” se discute, sino el “cómo” se discute.
Imagina esta escena: una persona propone cenar algo ligero. La otra responde con indiferencia, sin escuchar realmente la propuesta o con un “me da igual”. Minutos después, la conversación se convierte en una discusión.
A primera vista, el conflicto parece ser qué cenamos. Pero si miramos con más atención, suele haber algo más. Para explicarlo, vamos a ver cómo funciona ese “qué” y ese “cómo”:

Como has podido ver, las emociones y actitudes son lo que afecta, no tanto la cena. Es sentir que tu opinión no importa.
Esta sensación puede llevar a la persona a molestarse y, dependiendo la gestión de esa emoción, se lo trasladará a la pareja de manera más o menos amable, siendo este último el caso en el que se empieza a crear un bucle de reacciones desagradables.
Cuando esto ocurre de forma repetida, el cerebro empieza a asociar conversaciones cotidianas con malestar, y la pareja entra en un estado de tensión constante.
Este tipo de dinámica está muy relacionada con dificultades de comunicación, como se explica en este artículo.
Los planes compartidos pueden llegar a ser un tema delicado en las relaciones, ya que a veces los gustos son distintos o lo son los niveles de energía de cada miembro de la pareja.
Pongamos esta situación: una persona propone hacer algo juntos. La otra responde con cansancio, evasión o deja la decisión en el aire. Como respuesta a la situación, la misma persona comenta que últimamente casi no se hacen planes juntos y la pareja responde que “no es para tanto”. La discusión no tarda en aparecer.

Además, frases como “siempre exageras”, “no es para tanto” o “haz lo que quieras” invalidan la emoción y refuerza la idea de que la prioridad de la pareja no es la relación ni le importa cómo se siente.
De este modo, lo que duele, que es lo que acaba escalando situaciones, no es el hacer o no planes, sino sentirse poco prioritario/a, no elegido/a o poco importante para el otro.
Aquí muchas discusiones se cargan de intensidad emocional. No se discute solo el plan, se discute el lugar que cada uno siente que ocupa en la relación, algo muy vinculado a la rutina y al desgaste del vínculo, como se desarrolla en este artículo.
Una pareja habla sobre pasar el domingo en casa de los padres de uno de ellos. Una persona propone ir el domingo a ver a sus padres y recibe la respuesta “Otra vez no, ya fuimos hace poco.”
Aparentemente, el conflicto es sencillo: ir o no ir.
Pongamos que, además,la conversación avanza así:
En este caso, estamos diciéndole al otro qué piensa y generalizando en exceso, todo ello sin entrar a comprender el punto del otro. De este modo, se genera tensión, malestar y sensaciones de incomprensión y ataque.

Por lo tanto, lo que duele no es ir o no ir ese domingo a ver a los familiares, sino toda la narrativa que se construye alrededor de ese hecho, las creencias alrededor de él y cómo nos afecta individualmente y como pareja:
Cuando el tono, la escucha o la validación fallan se genera una sensación de falta de cuidado, respeto o priorización en la pareja. En ese momento:
El cerebro ya no discute sobre la cena, los planes o la familia. Discute para protegernos emocionalmente.
Cuanto más se repite este patrón, más ansiedad aparece en la relación y más se resiente la pareja en distintos ámbitos, desde las muestras de afecto hasta la intimidad sexual, algo muy ligado a la falta de comunicación afectiva y erótica.
En este tipo de situaciones, muchas personas se dicen a sí mismas frases como “estoy exagerando» o «no debería afectarme tanto», pero cuando una discusión pequeña duele mucho, suele ser porque toca una necesidad emocional no cubierta: sentir escucha, validación o seguridad en el vínculo.
Así, el problema no es sentirlo. Lo que afecta realmente es no saber cómo expresarlo sin que la conversación se convierta en una lucha.
Qué se trabaja en terapia de pareja cuando el “cómo” fallaEn terapia de pareja no se busca decidir quién tiene razón sobre la cena, los planes o las relaciones con terceros. Se trabaja de manera más profunda, siendo algunos de los aspectos:
Desde un enfoque psicológico, medios divulgativos como Psicología y Mente abordan maneras de mejorar las habilidades comunicativas. Puedes leer el artículo aquí.
Habrá temas que en sí mismos tengan más o menos importancia dependiendo de cada relación y cada individuo. Sin embargo, cuando hablamos de temas que la misma pareja identifica como “pequeño” pero que acaba teniendo una respuesta desproporcionada, rara vez son ellos mismos el núcleo del conflicto. El “cómo” suele ser lo que más daño hace.
Cuando este tipo de discusiones están muy presentes suele ser porque las cosas pequeñas suelen activar heridas emocionales más profundas, a veces circunscritas dentro de la propia relación (no siento que me quiera la otra persona por cómo es su actitud conmigo) y otras veces más personales (por ejemplo, cuando alguien no tolera un tono mínimamente serio de la otra persona porque le conecta con otras vivencias).
Sí. Con conciencia, práctica y, en muchos casos, acompañamiento profesional.
Sí. La ansiedad relacional y la desconexión emocional pueden influir en la sensación de intimidad y de seguridad con el otro. Y pensar en tener sexo cuando se siente que no hay cuidados, respeto o escucha, no suele ser una opción demasiado atractiva.
Las discusiones de pareja no se vuelven grandes porque el tema lo sea, sino porque lo que se activa emocionalmente no está siendo escuchado.
Aprender a cuidar el “cómo” no significa evitar el conflicto, sino atravesarlo de una forma que no dañe el vínculo. Y eso es una de las bases más sólidas de una relación emocional y sexualmente sana.
Si sientes que en tu relación las discusiones escalan, se repiten o dejan un poso de distancia emocional o sexual, trabajar la comunicación en terapia puede ayudaros a entender qué está pasando y a relacionaros de otra forma.
A veces no hace falta cambiar el tema. Hace falta cambiar cómo nos hablamos.
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