Cuando una relación comienza, la intensidad y el fuego parecen infinitos. Pensamos constantemente en la otra persona y sentimos una atracción contínua por ella. Sin embargo, con el tiempo el enamoramiento baja y ese subidón de pasión inicial, también. Si a eso le sumamos la rutina y las responsabilidades, el deseo sexual se reduce drásticamente. La buena noticia es que esto no significa que la pasión desaparezca de forma inevitable y permanente: más bien se transforma y requiere un cuidado… digamos que diferente.
¿Por qué ocurre esto? Digamos que el deseo se alimenta de dos fuerzas distintas: la seguridad y la novedad. La seguridad es lo que permite construir confianza, intimidad y compromiso. La novedad es lo que nos conecta con la emoción y nos despierta la curiosidad, la sorpresa y la excitación. Cuando solo hay seguridad, la pareja puede sentirse estable y puede haber mucho cariño, pero poco erótica.
Es decir, si antes el deseo venía solo, ahora no. O al menos no por norma general.
Por lo tanto, lo que tenemos que trabajar en estas situaciones es la parte emocionante de la relación y este trabajo puede estar relacionado exclusivamente con la sexualidad o se puede vincular a la relación de pareja.
Si tiramos por la primera opción, podremos encontrar las típicas maneras que nos vienen a la mente para generar esa novedad: buscar posturas distintas, comprar juguetes o jugar a juegos. Y esto está perfecto. De hecho, si nos ponemos creativos, podemos encontrar maneras de generar situaciones muy eróticas.
Pero hay otra vía que bien trabajada puede conllevar sexo de calidad.
Me explico: ¿Te ha pasado alguna vez que tras una cita en la que te has reído o te lo has pasado genial has tenido ganas de intimar con la otra persona? ¿O te ha pasado lo mismo después de abrirte en canal y conectar de manera real con tu pareja? Si la respuesta es sí, es porque necesitamos ese puntito de emoción y de conexión real con el otro para sentir deseo hacia esa persona. Y este es el secreto más eficaz para recuperar esa chispa.
El deseo a largo plazo no es algo que se tenga, sino algo que se elige y se cultiva día a día. No se trata de revivir la pasión inicial, sino de crear un fuego más consciente y profundo.
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